Millones de todo, muchos rayones con fibra. Indeleble es la marca que dejaron en esta hoja inmensa. Leo atentamente cada una de las palabras sueltas, veo cada garabato pero nada capta mi atención lo suficiente.
Camino lento y mis pies torpes se tropiezan. Tengo los
cordones desatados. Cada tanto levanto la cabeza para ver por dónde ando.
Maldita manía mía de mirar siempre al piso o al costado. Nunca tengo la certeza
de saber en qué lugar estoy parada. Cuando se me ocurre abrir los ojos ya no te
encuentro a mi lado. Qué fácil que te pierdo amor, perdón.
Una vez estaba al costado de las vías mirando al tren que se
acercaba. Parpadee y el escenario había cambiado por completo. Ahora me hallaba
en el ombligo del diablo. Recuerdo que se confundió y pensó que era una pelusa.
No dejaba de aplastarme con su índice. Finalmente logró deshacerse de la mugre.
Tirándola a las brasas.
Estamos en una caja de cartón enorme de la cual no podemos
salir. Nadie entiende quién nos metió ni cómo llegamos. Pero todos alguna vez
nos topamos con elde rojo, al que le gusta chasquear los dedos gordos.
Pienso que somos muchos para esta caja tan pequeña. Sigo
escuchándolos y observando a todos. Trato de aprender. Por qué siguen luchando?
Por qué no salen de la caja?
Tus palabras de corazón invadieron mi alma. Lamentablemente
te distrajiste o, no sé, tal vez te duele ser profundo. Pero en el momento que
trataste de dibujar una enorme distracción que carecía de importancia, mi total
atención se desvió en ese árbol de la esquina. Ese que menea las ramas y hace
que las hojas, eléctricas, bailen desaforadas.
Me gusta ir a tomar una birra, un café o lo que sea. Me
gusta escuchar y aprender. El agua y yo somos tan parecidas. Nos adaptamos a
cualquier superficie. Todo se volvió tan frío e irreal. Un chasquido hizo que
la luz se apagara y, desde ahí, todo cambió.
Vuelvo a casa y hay tres. Estoy sola. Lo que causa más
tristeza es que soy igual a ustedes pero se convencieron de lo contrario. Soy
igual a todos y tratan de hacerme creer diferente.
La reposera en el patio me espera. Esa llamita que
encandila. Tomo un momento para procesar todo lo que captaron mis sentidos. Lo
inhalo y, después de filtrar, lo exhalo. Siempre espero algo bueno y es que a
veces llega. El sabor a la mierda ya lo conozco demasiado. Por un momento
chiquito de la vida pienso en los malvones que tengo enfrente.
Escuché otro chasquido y no sabía quién lo había ocasionado.
Al instante entendí. Vuelvo a vos, siempre vuelvo. Hipnotizada me tenés en este
limbo de tristeza. Ya no puedo más. Dejame un ratito embobada con esos
malvones, dejame adaptarme como el agua. Tengo sed.
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