jueves, 31 de agosto de 2017

Tengo sed y la jarra está vacía.


Millones de todo, muchos rayones con fibra. Indeleble es la marca que dejaron en esta hoja inmensa. Leo atentamente cada una de las palabras sueltas, veo cada garabato pero nada capta mi atención lo suficiente.
Camino lento y mis pies torpes se tropiezan. Tengo los cordones desatados. Cada tanto levanto la cabeza para ver por dónde ando. Maldita manía mía de mirar siempre al piso o al costado. Nunca tengo la certeza de saber en qué lugar estoy parada. Cuando se me ocurre abrir los ojos ya no te encuentro a mi lado. Qué fácil que te pierdo amor, perdón.
Una vez estaba al costado de las vías mirando al tren que se acercaba. Parpadee y el escenario había cambiado por completo. Ahora me hallaba en el ombligo del diablo. Recuerdo que se confundió y pensó que era una pelusa. No dejaba de aplastarme con su índice. Finalmente logró deshacerse de la mugre. Tirándola a las brasas.
Estamos en una caja de cartón enorme de la cual no podemos salir. Nadie entiende quién nos metió ni cómo llegamos. Pero todos alguna vez nos topamos con elde rojo, al que le gusta chasquear los dedos gordos.
Pienso que somos muchos para esta caja tan pequeña. Sigo escuchándolos y observando a todos. Trato de aprender. Por qué siguen luchando? Por qué no salen de la caja?
Tus palabras de corazón invadieron mi alma. Lamentablemente te distrajiste o, no sé, tal vez te duele ser profundo. Pero en el momento que trataste de dibujar una enorme distracción que carecía de importancia, mi total atención se desvió en ese árbol de la esquina. Ese que menea las ramas y hace que las hojas, eléctricas, bailen desaforadas.
Me gusta ir a tomar una birra, un café o lo que sea. Me gusta escuchar y aprender. El agua y yo somos tan parecidas. Nos adaptamos a cualquier superficie. Todo se volvió tan frío e irreal. Un chasquido hizo que la luz se apagara y, desde ahí, todo cambió.
Vuelvo a casa y hay tres. Estoy sola. Lo que causa más tristeza es que soy igual a ustedes pero se convencieron de lo contrario. Soy igual a todos y tratan de hacerme creer diferente.
La reposera en el patio me espera. Esa llamita que encandila. Tomo un momento para procesar todo lo que captaron mis sentidos. Lo inhalo y, después de filtrar, lo exhalo. Siempre espero algo bueno y es que a veces llega. El sabor a la mierda ya lo conozco demasiado. Por un momento chiquito de la vida pienso en los malvones que tengo enfrente.
Escuché otro chasquido y no sabía quién lo había ocasionado. Al instante entendí. Vuelvo a vos, siempre vuelvo. Hipnotizada me tenés en este limbo de tristeza. Ya no puedo más. Dejame un ratito embobada con esos malvones, dejame adaptarme como el agua. Tengo sed.

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